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CAPÍTULO 2

TEORÍAS SOBRE EL MECANISMO DE LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA.

Indudablemente la evolución es uno de los enigmas mas apasionantes de la ciencia moderna. Para intentar resolverlo se están aplicando todo tipo de ciencias y técnicas, sin embargo, aunque sabemos que la evolución existe, ignoramos su mecanismo o al menos no hemos encontrado ninguno que explique satisfactoriamente la fenomenología observada. La inteligencia humana intenta dar respuesta a partir de presunciones mecanicistas (lo importante y único son las partes) u holísticas (el todo es algo más que la parte). Encontramos desde autores que confiesan una creencia en una casualidad cósmica inexplicable, hasta los que expresan la impresión de que se está manifestando una inteligencia universal, desde los que no ven nada especial, hasta los que ven un proyecto definido.
Se pretende a continuación comentar las distintas teorías existentes sobre la evolución.....



Unos hechos, una teoría...

Sobre una serie de hechos constatables como son la diversidad de organismos vivos, la similitud entre ellos, la existencia de fósiles que demuestran la extinción de especies, y la consecución de grados superiores de complejidad estructural conforme ha ido pasando el tiempo geológico, el hombre ha generado una serie de teorías para explicar la evolución biológica. En opinión de Fred Hoyle en ciencias como la geología, la cosmología y la biología, entre otras, se pone de manifiesto que muchas teorías no han sido realmente probadas y que su aceptación ha dependido en gran medida de la opinión de los expertos.

Un lugar para nacer

Respecto al problema del lugar donde se originó la vida que hoy conocemos en la Tierra existen dos teorías: la primera se refiere a que la vida tuvo que surgir en las aguas de este mismo planeta. Sin embargo otros autores han concebido una teoría sobre el origen extraterrestre de la vida, que ha sido llamado teoría de la panespermia. El origen extraterrestre de la vida explicaría por ejemplo por qué el molibdeno, cuya presencia terrestre es muy escasa, es esencial para el funcionamiento de muchos enzimas clave. En el siglo XIX se pensaba que la vida se habría propagado de un sistema solar a otro mediante esporas de microorganismos; más tarde Arrhenius, químico premiado con el Nobel en 1903, expresó que la vida pudo haber sido sembrada por cometas. Esta teoría fue desarrollada posteriormente por Fred Hoyle y Chandra Vickramasing. Para Hoyle el origen terrestre de la vida es altamente improbable. Se basa en razonamientos probabilísticos que expresan ideas del tipo de que la probabilidad de encontrar una proteína partiendo del azar sería 1/10
40 lo que hace prácticamente imposible que se genere una proteína en el tiempo que tiene la Tierra.

Mediante radiotelescopios, ha sido detectada materia orgánica en todo el Universo. En el caso concreto de un meteorito caído en Murchison (Australia) en 1969, se comprobó que tenía un contenido en aminoácidos de sorprendente parecido al que surge en experimentos de simulación clásicos del tipo de Miller y Urey. Los datos, recopilados por Christopher Chyba y Carl Sagan les han llevado a proponer con fundamento que las moléculas orgánicas caídas a la Tierra desde el espacio pudieron ser una fuente de material de enorme importancia para la emergencia de la vida.

Francis H.C. Crick (descubridor del ADN) y Leslie E. Orgel han emitido la hipótesis, llamado por ellos fenómeno de panespermia dirigida, de que la Tierra y probablemente otros planetas estériles fue sembrada deliberadamente por seres inteligentes que vivían en sistemas solares cuyo grado de evolución se hallaba miles de millones de años por delante del nuestro. No obstante como dice Dickerson las teorías de la panespermia no se pueden probar ni rebatir. Esta aseveración a mi modo de ver implica que como teorías lógicas son sólidas, aunque no se pueden obtener el suficiente número de pruebas.

Más o menos la evolución...

Darwin en su libro
El Origen de las Especies, publicado en 1859, explica el mecanismo de la evolución basándose en un parentesco entre todas las formas biológicas. Existiría una fuente de diversidad biológica que produciría cambios genéticos, posteriormente estas nuevas formas serían seleccionadas por la naturaleza mediante el proceso de la selección natural. Aquellos cambios responderían a un motor de azar que sería regulado por la viabilidad de cada proyecto vivo al intentar perpetuarse en el medio ambiente. Las variaciones serían para Darwin discretas y continuas, no se habrían dado grandes cambios de unas formas a otras y siempre existirían eslabones entre las diferentes especies. Este mecanismo biológico explicaría, según Darwin, la aparición del hombre. En la naturaleza serían las especies más fuertes aquellas que sobrevivieran, mientras que las especies que mostraran un determinado grado de debilidad frente a su entorno serían eliminadas por las especies más poderosas.

La selección natural ha servido para poner en evidencia un juego de estrategias y caracteres con una direccionalidad manifiesta. Sin embargo, explica de manera incompleta estas estrategias, y abre el camino a distintos intentos de describir la fenomenología evolutiva de manera más adecuada. Darwin abrió a modo de un gran baúl con muchas cajas, unas con fósiles, otras con seres vivos, vio similitudes entre ellos y las justificó mediante el cambio, para relacionar todos los especímenes estableció puentes teóricos (hasta ahora no confirmados) a los que llamó eslabones. Su mecanismo al que denominó selección natural implica la extinción de las especies caducas e inadaptadas al medio que habitan y el cambio prácticamente obligado de las que desean sobrevivir. Para explicar su teoría el hecho de necesitar el azar (que es un recurso a la ausencia de causas y a veces un escondite de ignorancia, asociado a la imposibilidad real de demostrar de manera irrefutable por qué aparece o se extingue una especie), ha causado una búsqueda de otras respuestas complementarias. Darwin se dio cuenta de algo, pero ese algo no explica todo.

Alfred Russell Wallace, en la misma época, desarrollo de forma independiente la teoría de la selección natural; sin embargo, este autor creía, al revés que Darwin, que la selección natural no podía explicar por sí sola las facultades humanas superiores.

Darwin y Wallace desconocían en aquel momento los trabajos de Mendel sobre la herencia de los caracteres, los cuales, aunque realizados casi en los mismos años, no fueron conocidos hasta el final del siglo XIX.

Con la contribución de la genética hoy sabemos que los caracteres residen en genes heredables, y que son cambios en éstos lo que produce variaciones en los seres vivos. La diversidad biológica observada en las formas vivas y en los restos fósiles se debe a combinaciones de genes registradas a lo largo del tiempo geológico.

Al unir la teoría de la selección natural de Darwin y Wallace, con los principios genéticos de Mendel surge la teoría sintética, la cual constituye el esquema ideológico de los neodarwinistas.

Aunque la teoría sintética de la evolución, desarrollada a partir de 1930-1940, mezcla de la teoría de la selección natural de Darwin y de los conocimientos genéticos adquiridos a partir de Mendel, da una explicación a grandes rasgos aceptable sobre los cambios y transformaciones que las formas vivas han sufrido a lo largo del tiempo, existen múltiples dilemas que están lejos de ser resueltos. ¿Puede explicar ese motor de azar y ese filtro de selección el conjunto de fenómenos que recogemos con el apelativo de evolución biológica? ¿Cómo explicar por ejemplo la aparición súbita -en términos de tiempo geológico- a principios del cámbrico de la mayor parte de las estirpes pluricelulares, o ¿cómo explicar la aparición de forma separada a partir de distintas especies de nuevos tipos biológicos, en los que están implicados tantos genes? Si hay algo evidente es que no podemos describir la evolución satisfactoriamente a partir del mecanismo que Darwin propone, y que incluso algunas de las previsiones de Darwin como fueron los eslabones intermedios entre especies diferentes no han aparecido en todos los casos en los que han sido buscados. Por otro lado en ciertos casos en que el registro fósil es lo suficientemente completo se ha podido constatar la ausencia real de esta figura intermedia. Desde luego lo que si es un hecho es que los eslabones que deberían de situarse entre las grandes estirpes no aparecen.

En 1950 el paleontólogo Otto Schindewolf expresó que el archaeopteryx, especie que muestra caracteres propios de ave y de reptil, procede directamente de los reptiles, y esto implica que no hay pequeños saltos entre reptiles y aves. George Simpson dice que la falta de formas de transición es un fenómeno universal. Gordon Taylor puntualiza que es totalmente desconocida la procedencia de 26 grupos de mamíferos, y que la evolución de los insectos sigue siendo un misterio. Desconocemos como fueron los antepasados de los peces.

¿Por qué no se han encontrado dichos eslabones intermedios? No faltan intentos de explicar esta falta. La idea más simple es que al no ser completo el registro fósil por problemas de mineralización de los restos orgánicos, la probabilidad de encontrar un eslabón es escasa. Esta idea se complica con el establecimiento de escenarios de especiación restringídos tanto en el espacio como en el tiempo, de tal modo aún sería más difícil encontrarlos.

En opinión de muchos científicos no se puede despreciar la hipótesis de que esta figura evolutiva no sea universal. Entonces postularla incurriría en dogma, y esta figura tiene poco porvenir en el campo científico. Ahora bien, es posible admitir que el eslabón no es una figura necesaria para aceptar la validez de la selección natural. Sin embargo una cosa es admitir que la selección natural interviene en la evolución y otra muy diferente que lo explique todo.

Es lógico deducir de los postulados de Darwin, basados en el azar, que los pequeños cambios en cada especie deben de ser regulares y homogéneamente espaciados en el tiempo. Sin embargo el estudio del registro fósil no se muestra de acuerdo con lo esperado con la selección natural. De hecho en muchos casos los grandes cambios se concentran en tiempos pequeños separados por largos periodos de nulos o escasos cambios. En contraposición a los cambios pequeños y graduales surgen los cambios bruscos o saltos. Es la oposición entre gradualismo y saltacionismo. Es posible concluir de una manera científica la existencia de gradualismo en un cierto número de casos, y la existencia de saltacionismo en otros, y parece posible admitir la coexistencia de ambos fenómenos en los procesos de perpetuación de las estirpes.

La hipótesis de Gould y Eldredge postulando un modo de cambios genéticos adaptado a la observación del registro fósil, basado en paradas y saltos bruscos, contribuiría a explicar la falta de eslabones intermedios sin necesidad de rechazar la selección natural aunque plantea otra objeción al azar. En principio éste debe manifestarse de modo regular, y en contraposición aparece un orden que se caracteriza en muchos casos por la concentración, en pequeños intervalos de tiempo, de los periodos en los que suceden los cambios. ¿Qué pensaría usted si estando acostumbrado a recibir una carta a la semana, recibiera dos o tres dias al año cien cartas de repente?, ¿creería que es por azar?

Stephen Jay Gould y Niles Eldredge creen que nunca se encontrarán los eslabones perdidos en aquellos casos en los que la evolución funciona a paradas y saltos. Postulan ambos la teoría de los equilibrios puntuales intermitentes. Para estos autores las especies pasan por períodos de estabilidad y equilibrio hasta que repentinamente dan un gran salto evolutivo y originan formas muy diferentes a la especie progenitora. Niles Eldredge va más lejos y propone que las especies merecen ser consideradas como individuos en el sentido más fuerte del término. De tal modo las especies nacerían de otras, alcanzarían la madurez y posteriormente desaparecerían de modo similar a como lo haría un individuo perteneciente a cualquier especie biológica.

Ligados a esta teoría toman cuerpo dos conceptos debidos en origen a Simpson: microevolución y macroevolución. La microevolución se refiere a los cambios genéticos por los que es posible explicar la variabilidad en el interior de las especies, mientras que la macroevolución explicaría los cambios que producirían la especiación o aparición de las especies, así como también la aparición de grupos de categoría taxonómica superior, como las estirpes. Eldredge escribe : "A
ctualmente está viendo la luz una nueva concepción en cuya virtud la evolución actúa a más de un nivel fenomenológico. Según esta nueva concepción, los mecanismos que cambian la composición genética de las poblaciones no son los mismos que rigen la macroevolución. (...) En resumen, dejando aparte los detalles, las teorías modernas de la especiación admiten que la selección natural no crea las especies, en el sentido de que no interviene en la creación de dos comunidades reproductoras a partir de una. Las consecuencias de estas conclusiones son realmente de gran alcance, ya que ahora tenemos una teoría del cambio genético y una teoría del origen de las especies nuevas, ambas relacionadas, pero no idénticas; la primera trata de la modificación de las adaptaciones de las especies; la segunda, de la sucesión de las especies, sucesión que engendra los generos, las familias, los órdenes... existentes en la actualidad o que hayan existido en el pasado".

Schwabe intenta explicar fenómenos como que el tiburón tenga la hormona relaxin que sólo se ha encontrado en mamíferos muy desarrollados. Para él cuando aparecieron los primeros seres vivos en el mar se gestaron todos los futuros planes de evolución, permitiendo este tipo de evolución convergente en el que especies muy distanciadas en su parentesco evolutivo confluyen en soluciones iguales.

El biólogo Sheldrake ha enunciado la sorprendente e ingeniosa teoría de los campos morfogenéticos. Una explicación de esta teoría utilizando formas geométricas sería la siguiente: la primera aparición de una forma en la naturaleza produciría una especie de surco llamado "creoda". Las demás partículas al atravesar estos campos morfogenéticos pasan por este surco y toman la forma; cada vez este surco se hace más profundo y manifiesta un poder mayor sobre los procesos morfogenéticos posteriores. Las células aciertan con el campo morfogenético correspondiente gracias a un fenómeno de resonancia mórfica y el ADN sería como una antena que captaría los mensajes mórficos. Con esta teoría se explica que en muchos terrenos cueste mucho encontrar un primer fenómeno, pero luego sea mucho más fácil. Así sucede en la obtención de los cristales, cuya primera cristalización cuesta conseguirla, pero que luego aparece fácilmente en todos los laboratorios del mundo, o que un grupo de individuos que no entienden una serie de lenguas, sean capaces de memorizar con más facilidad una lengua antigua que una moderna debido, según esta teoría, a que la antigua posee un campo morfogenético más profundo.

Así, en los seres vivos, según la teoría de los campos morfogenéticos, el hallazgo de una solución crearía una creoda, que luego influiría en la genética de otras especies favoreciendo que éstas adquieran también dicha solución. De esta manera el campo morfogenético sería un fenómeno por encima de los genes, con capacidad de influir no sólo en la descendencia sino en grupos alejados según el parentesco evolutivo. La teoría de los campos morfogenéticos nos hace reconsiderar el papel de los genes en la evolución: éstos perderían peso relativo a favor de estos campos de naturaleza superior.

Jacques Monod bioquímico y autor de
El azar y la necesidad, sostiene que el organismo está sujeto a una selección no sólo exterior, sino también interior. El organismo selecciona interiormente si una mutación es admisible o no. Gabriel Dover va más lejos y deduce que cuando el organismo toma internamente la decisión de una mutación también asume otras decisiones que permitan la viabilidad de la primera. Así si la jirafa decide alargar el cuello se compensa con un corazón más fuerte para bombear sangre más lejos. El problema que se plantea es que la inmensa mayoría de las mutaciones provocadas artificialmente en los organismos son perjudiciales para ellos mismos, según estos dos autores aparecería un control sobre estos cambios bruscos genéticos por parte del organismo que intentaría paliar el perjuicio de la falta de control sobre fenómenos tan peligrosos.

Lamarck asumía que el organismo se adaptaba como respuesta
a posteriori al medio ambiente. Primero existiría una "lectura" del medio y luego se daría una respuesta a él. Sin embargo diversos experimentos genéticos han mostrado que el cambio en el genotipo se produce antes de que se "lea" el medio ambiente. Primero sucede el cambio al azar, y luego aparece otro cambio en el medio ambiente al que existe la posibilidad de que previamente se esté adaptado gracias a aquella mutación que sucedió aleatoriamente. La mutación es de este modo mas una casualidad supervivencial que una adaptación, que en términos semánticos se entiende más en el sentido lamarckiano.

Extremando este razonamiento, todo el mensaje genético necesario para generar los pulmones debería existir antes de que los vertebrados colonizaran el aire. Asumiendo múltiples y pequeños cambios dificilmente resultaría imaginable, pero admitiendo el saltacionismo son necesarias dosis espectaculares de fe para concebirlo.

Por otro lado los genes no son estructuras desordenadas, en el sentido de que cada uno actue por separado e independientemente de los demás. De hecho se ha comprobado la existencia de genes reguladores, cuya función es coordinar la acción de otros genes, a veces miles de ellos. Los genes controladores se han puesto en evidencia mediante mutaciones llamadas homeóticas por cuya acción ha sido posible conseguir en moscas de la fruta que una antena se transforme en una pata, por ejemplo. Uno de estos genes reguladores es capaz de transformar un huevo desordenado en un cuerpo ordenado de insecto. Los genes reguladores evitan el caos en la expresión del mensaje genético.

En el caso de que mentalmente tuvieramos asumido que estamos en el interior de un organismo en desarrollo, cambios tan drásticos como los comentados no merecerían gran atención, puesto que asumimos con naturalidad que a partir de un óvulo se van a producir multitud de órganos diversos. De hecho muchos biólogos asumen con naturalidad los cambios evolutivos ya que admiten la evolución, por tal razón no cuestionan ni su existencia ni su mecanismo.

Otros mecanismos genéticos favorecerían el acceso de los organismos a soluciones genéticas que otros grupos poseyeran. Los transposones son una especie de genes saltarines, que tienen la capacidad de saltar de unos cromosomas a otros. Estos transposones pueden ser atrapados por virus y en el proceso de infección de éstos a otros organismos pueden transmitir caracteres del organismo poseedor en origen del transposón. Esto constituiría una especie de ingeniería genética natural a la que tendrían acceso las especies biológicas y podría haber favorecido la evolución. Actualmente se ha conseguido y se explota industrialmente que determinadas especies produzcan compuestos químicos que se producían en origen en otras especies y además en mucha menor cantidad. Todo ello se ha conseguido inoculando genes de unas especies en otras.

Otra teoría interesante debida a Richard Dawkins es la llamada del gen egoísta, según la cual los seres vivos actuamos en función de los intereses de nuestros genes, hasta el extremo que todo tipo de comportamiento, según Dawkins, se puede explicar en función de un interés egoísta del gen en sobrevivir. En su parte más radical postula que el gen estaría comenzando a ser sustituido por unidades inmortales que se transmitirían de individuo a individuo, a las que llama memes. El concepto de dios sería un buen ejemplo de meme. Sin apostar por las partes más radicales de esta teoría, debemos admitir que determinados comportamientos difíciles de explicar según otras concepciones más tradicionales de la lucha entre individuos, encuentran así explicación. Por ejemplo, la lucha de las abejas en defensa de la colmena. Cuando una colmena es atacada por avispas, por ejemplo, las abejas salen en defensa de la colmena y éstas pican a las avispas agresoras a pesar de que su picotazo implica la muerte para la misma abeja defensora. Podemos explicar que las abejas de una colmena son todas hermanas puesto que son hijas de la misma madre, por tanto poseen una proporción máxima de genes comunes dentro de la especie. La muerte de una serie de defensores permite la supervivencia de los genes de éstos en el interior de los supervivientes. La abeja ha mostrado un comportamiento al servicio de los genes.

En cuanto a su genoma, las especies biológicas no se diferencian tanto como a priori pudiera pensarse. El hombre y el chimpancé se diferencian solamente en un 1% de su ADN, y el mismo código genético, el lenguaje de los genes, es común a todos los seres vivos, bien sean bacterias, plantas, animales, hongos o de otro tipo. Por otro lado existe dentro del ADN una proporción del 95% cuya función y significado desconocemos y al que hemos llamado ADN basura.

Horizontes de la evolución

Thuillier señala que los dilemas más importantes que todavía están por resolver por y desde cualquier teoría de la evolución son:

1/¿En que medida la evolución es continua -producida mediante pequeños y continuos cambios- o discontinua -presentando cambios bruscos esporádicamente-?

2/¿Cuales son las implicaciones de la clasificación cladista para el evolucionismo?

3/¿Cuales son los efectos exactos de la selección natural?

4/¿Qué es una especie?

En cuanto a la primera cuestión ya se ha comentado la teoría de Gould y Eldredge en la que los cambios bruscos sucederían al final de períodos de pequeños cambios, en oposición a la idea de Darwin de continuos y sucesivos pequeños cambios que producirían la existencia de eslabones intermedios. Aunque la hipótesis de Gould surge como posible solución a la inexistencia de dichos eslabones que predice Darwin, ninguna de estas dos hipótesis complementarias son totalmente descartables a la luz de nuestros conocimientos actuales.

Sobre la cuestión de las implicaciones de la clasificación cladista en el evolucionismo, es un problema de lenguaje y método. ¿Cómo puede afectar a nuestras conclusiones nuestros principios y nuestro método? El método cladista es un método de clasificación de las especies basado en criterios filogenéticos; es decir, en términos de parentesco evolutivo. Carl Linné -naturalista sueco- a mediados del siglo XVIII, estableció el punto de partida de las clasificaciones modernas. Concebió un sistema jerárquico en el que se agrupaban las especies, cuanto más se parecían un conjunto de seres vivos mayor era la probabilidad de encontrarlos agrupados en una sola clase. Hoy en dia seguimos el mismo sistema de nomenclatura de las especies. La aparición de corrientes evolucionistas con Lamarck y sobre todo Darwin en el siglo XIX, hace que a mediados del siglo XX clasificación y filogenia muestren una fuerte imbricación.

La escuela neodarwinista dio como resultado una revisión de las jerarquías linneanas bajo una perspectiva evolucionista. El grupo de trabajo que se ocupó de estas cuestiones es citado por Viladiu como evolucionistas, llamando sistemática evolutiva o clasificación ortodoxa a sus técnicas. El objetivo era el de establecer una filogenia de la evolución, o sea un árbol genealógico de los grupos biológicos que mostrara el camino seguido por la evolución, para ello se fundamentaban en el conjunto de seres vivos conocidos y los fósiles encontrados. Con el primero se trataría de recoger las características más apropiadas para clasificar a los organismos y con los fósiles descubrir cuáles son las más avanzadas en el sentido puramente temporal. Las críticas a este método surge de su subjetividad; no existen unas reglas fijas para escoger unas características frente a otras y por tanto distintos autores llegan a diferentes conclusiones.

Los problemas de la clasificación ortodoxa se han intentado resolver con la clasificación feneticista y la cladista. El sistema feneticista se basa en el análisis del fenotipo. Se toman el mayor número de variables y se introducen en un programa de análisis estadístico multivariante. Los resultados recogen las distancias entre las distintas especies y permiten representarlos en un diagrama en forma de árbol. La filosofía feneticista recomienda el uso de un gran número de variables o características y no establece categorías entre estas variables.

El cladismo se basa en la filosofía clasificatoria expresada por Willi Henning en 1968 en su libro
Elementos de una sistemática filogenética, donde propone definir unos conceptos fundamentales y una pauta de actuación a partir de ellos, como por ejemplo el concepto de apomorfia como la novedad evolutiva que define a un grupo y solamente a ese. En la metodología cladista los fósiles no pueden ser considerados junto a las formas vivientes, puesto que la información que de ellos podemos obtener es menos precisa. Una vez seguidas las pautas que la metodología cladista impone se procede a encontrar las soluciones, el problema es que en la metodología cladista el número de posibles soluciones es tan elevado que es necesario aplicar criterios discriminatorios. El resultado suele ser que la clasificación obtenida por esta metodología difícilmente se puede ajustar a la nomenclatura taxonómica linneana: rápidamente los niveles jerarquizados en la secuencia linneana se verían desbordados.

Indudablemente el método cladista nos propone y nos permite ver la filogenia y la evolución de otro modo, y nos sugiere que si partimos de principios diferentes podemos percibir la evolución con un aspecto diferente al tradicional. Con el método cladista estructuramos los pasos metodológicos, evitamos la subjetividad tradicional de los sistemáticos y ello nos lleva a ver la evolución de otra manera que a veces no cuadra con la acostumbrada.

La tercera cuestión se refiere a saber cuáles son los efectos exactos de la selección natural. A mi modo de ver es clave para responder a esta pregunta si la evolución ha terminado o no. Como el futuro es una parte del tiempo que nos es negada, no podemos contestar. Mayr apunta que la evolución es direccional en el sentido que va hacia la aparición de mayores grados de complejidad por parte de las nuevas formas. La siguiente pregunta es si es finalista, es decir si tiende a un fin. Otra vez tropezamos con el tiempo, ¿cómo vamos a saber si ese fin ha llegado o llegará si no conocemos el futuro? Existen opiniones de que la naturaleza tiene al hombre como fin; sin embargo tal opinión es indemostrable. Como prueba de la existencia del finalismo en la evolución Haas cita las tendencias multidireccionales. Sirva como un ejemplo los Ambulátiles. Este orden de reptiles se transformó en mamíferos no sólo mediante un caso aislado, sino de varios casos pertenecientes a subgrupos bastante separados entre sí aunque pertenecientes al orden citado. Otro ejemplo sería la aparición de los primeros seres pluricelulares a partir de las células eucariotas. Según Ledyard Stebbins, de la Universidad de California, los organismos pluricelulares se desarrollaron independientemente y en 17 ocasiones por lo menos, a partir de antecesores unicelulares.

Teilhard De Chardin (1881-1955), jesuita, paleontólogo y descubridor del Sinantropus pekinensis lleva al extremo el finalismo al considerar que la evolución tiende hacia el punto omega que es Cristo. Naturalmente también es racionalmente indemostrable, puesto que en el sistema lógico se inserta la creencia, pero habría que demostrar que la dosis de creencia en otros postuladores de hipótesis fuera menor.

Desde una perspectiva "clásica" darwinista la respuesta al enigma de la naturaleza de la evolución sería que ésta es un proceso supervivencial: ¡Muta o muere!. Los organismos se adaptan para sobrevivir y fruto de estas adaptaciones aparecen las complicaciones estructurales que les permiten sobrevivir y en las que consistiría la evolución. La mayor complejidad es por tanto una necesidad ineludible sin la cual la vida no sobreviviría. El razonamiento falla cuando, por ejemplo, observamos que los organismos unicelulares, manifiestamente primitivos desde perspectivas evolucionistas basadas en la complejidad, multiplican por diez en un cuerpo humano al número de células propias descendientes directas del espermatozoide y del óvulo, y que por lo demás los microorganismos abundan y proliferan en el mundo actual. ¿Cómo han podido sobrevivir sin evolucionar? Pero además, ¿quién no ha escuchado que caso de una guerra nuclear los únicos que sobrevivirían serían los microbios, las ratas, los insectos y poco más? ¿Es esto estar inadaptado a la supervivencia? Una posibilidad, tal como abogo en la
Teoría de la Vida Embarazada, es que la evolución sea un proceso madurativo tendente a la reproducción del sistema biológico del que quizás todos los seres vivos de la Tierra formemos parte. Para conseguir la reproducción del sistema es necesario generar estructuras específicas especializadas en distintas funciones. Así los seres pluricelulares serían candidatos a formas biológicas y tecnológicas capaces de vencer la fuerza que atrapa a los seres vivos en este y cualquier otro planeta: la fuerza de gravedad. Un proceso reproductor no tiene por qué producir la eliminación del cuerpo que se reproduce, tal como observamos en la reproducción humana y por otro lado este proceso no tiene por qué ser ni más ordenado ni más desordenado que otros procesos biológicos reproductores. Mas adelante, y como un modelo con el que representar este posible proceso reproductivo del sistema biológico terrestre, utilizó el modelo reproductor de la hembra humana.

La especie, un mal metro para medir un largo kilómetro

El cuarto dilema o cuestión se refiere al desconocimiento del significado de la palabra especie, y esto es, a mi modo de ver, lo que en una discusión parlamentaria se llamaría una enmienda a la totalidad. Si ignoramos qué es una especie y medimos la evolución en unidades discretas a las que llamamos especies, nunca sabremos exactamente qué es lo que medimos, si desconocemos nuestras propias unidades de medida; nunca sabremos qué es la evolución exactamente. El error inicial lo arrastraremos hasta el final del conocimiento que podamos adquirir y nuestro método estará extraordinariamente limitado.

Según Rafael Alvarado, una mayoría de autores opinan que sólo la especie tiene significado real siendo las restantes categorías meras abstracciones. Sin embargo otros autores poseen posiciones extremas, así Lotsy sólo da categoría real al individuo, mientras que Haeckel se la da solamente a la estirpe. En esta línea Dobzhansky sugiere que la especie es un mero accidente de la evolución. El concepto de especie es intuitivo para el hombre que, cuando se desenvuelve en territorios rurales, debe conocer y distinguir los grupos de animales y plantas en función de su comestibilidad, peligrosidad, propiedades curativas, etc. Sin embargo, es perfectamente comprensible que las unidades que nos permiten desenvolvernos en un medio no tienen porque ser las más adecuadas para desenvolvernos en otro. Así por ejemplo para movernos con un coche la unidad más adecuada es el kilómetro; sin embargo esta unidad no nos permitiría comprender las dimensiones del espacio interestelar en las que utilizamos el año luz u otras unidades de categoría superior, y no digamos de utilizar el año luz para analizar distancias atómicas. De este modo el concepto intuitivo especie, que en origen nos permite sobrevivir en la naturaleza, no tiene por qué ser el más adecuado para percibir correctamente la evolución.

Según Plate en todas las definiciones científicas y filosóficas del concepto especie se alude al carácter de entidad biológica con capacidad de interhibridación que muestran sus individuos. Según esto toda especie se muestra cerrada genéticamente hacia fuera, pero abierta hacia adentro, permitiendo que el cruce sexual entre sus individuos obtenga descendencia en todas las generaciones sucesivas. Sin embargo, según Darwin "
ninguna definición ha satisfecho por completo a todos los naturalistas".

Desde Du Rietz, en 1930, se ha abierto paso la idea de especie como colectividad de individuos con posibilidad de intercambio genético "flujo genético" y aislamiento reproductor, éste es el singámeon.

En definición de Mayr recogida en diversos tratados y aceptada por muchos biólogos se encuentra caracterizada la especie como "
conjunto de poblaciones naturales hibridadas de manera efectiva o potencial, y que están aisladas, desde el punto de vista reproductor, de otros grupos semejantes" Para Mayr el concepto de especie es biológico y práctico, dinámico y no estático. Este autor viene a decir que el concepto de especie es práctico para analizar ciertos aspectos biológicos, aunque es difuso en sus perfiles por tratarse de un fenómeno dinámico. Es decir estamos ante un vehículo (la especie) que se mueve con tal rapidez que cuando lo fotografiamos sale borroso. Esto causa que aparezcan múltiples diferencias entre subgrupos de las especies, a los que llamamos subespecies, que por un lado nos confirman la existencia de la evolución, pero que por otra nos dificulta la percepción de ésta.

Definir una especie bajo aspectos reproductivos plantea problemas, por ejemplo, se suele decir que dos especies distintas no pueden obtener descendencia y en todo caso si la obtienen ésta es estéril. Pensemos en el cruce entre caballo y burro en el que nace un mulo esteril. Sin embargo aunque estadísticamente esto sea cierto sin embargo existen excepciones por ejemplo el cruce entre tigre y león del que nace un ligrón que en ciertos casos se ha podido comprobar que es fertil. Por otro lado en el mundo de la microbiología aunque exista reproducción sexual ésta es difícil de observar espontáneamente.

Por otro lado este criterio de grupo cerrado genéticamente queda invalidado bajo análisis evolutivos si tenemos en cuenta que un organismo puede recibir genes de otra especie muy alejada evolutivamente a partir de transposones, o que incluso la especie puede ser influida con un campo morfogenético.

Una manera de enfrentarse al problema de definir una especie es, tal como hacen los feneticistas y cladistas, basarse en criterios estadísticos, trabajando directa o indirectamente sobre probabilidades de que los organismos sometidos a análisis pertenezcan al mismo grupo y realizando análisis complejos.

El tipo de unidad que utilicemos para percibir la evolución va a ser fundamental en la percepción del fenómeno, y además va a influir en su concepción. Cuando nos referimos al desarrollo embrionario, percibimos al cuerpo humano como una unidad, y por tanto cuando encontramos un agujero lógico-científico en el proceso de desarrollo fetal, resolvemos el problema planteando un puente válido asumiendo que en todas las partes del desarrollo el individuo es una unidad. Para nosotros todo el proceso del desarrollo embrionario es un continuum independientemente de que lo hayamos demostrado y si por ejemplo no conseguímos explicar por qué una célula se transforma en nerviosa, o en epitelial, o en muscular, podemos apelar a que en un momento determinado se activan una serie de genes para conseguir estructurar al ser vivo adulto como está programado, y esto en líneas generales es admitido. Actualmente sería imposible demostrar a partir de las células de un feto que su desarrollo embrionario estuviese coordinado y que éstas produjeran complejos de tipo superior, de funcionamiento tan complicado. La verdad es que actualmente solamente podemos asegurar que un cuerpo vivo funciona porque lo vemos vivir, y es que no disponemos de una ciencia que pueda explicar la vida satisfactoriamente. El mejor discurso científico que se pudiera hacer estaría plagado de lagunas, de opiniones diversas y contradictorias y además el impulso vital que podría dar vida a un conjunto de moléculas nos es desconocido y desde luego no es la descarga eléctrica que dio vida a Frankenstein a partir de un amasijo de órganos muertos.

Todo es según el color del cristal con que se mira

Las culturas de los pueblos suelen influir en la concepción que éstos alcanzan de los fenómenos que llegan a conocer. Imanishi es un ejemplo de cómo un oriental puede percibir la evolución basándose en esquemas culturales propios, fundamentando la evolución sobre una base filosófica confucionista basada en la tradición japonesa y la visión armónica de la naturaleza.

Imanishi, profesor de la Universidad de Kyoto nació en 1902, en los años 70 publicó
Mi teoría de la evolución y Más allá de Darwin. En 1984 en un texto publicado en inglés afirma que todos los individuos cambian al mismo tiempo cuando llega el momento de cambiar, que sin duda hay que comprender que la transformación de una especie no debe explicarse por una serie de accidentes sino más bien por el desarrollo espontáneo de algunas potencialidades inscritas en su patrimonio evolutivo. Para este autor hay maduración y no tanto el reordenamiento mecánico y aleatorio de algunos genes. El concepto de especie trasciende al de individuo, la especie para él es algo más que un conjunto de individuos que coinciden en sus características y cuyo cruce es viable. Aunque sus ideas son discutidas no esta claro que Imanishi no tenga razón.

Piotr Alexeievich Kropotkin (1842-1912) publicó en 1902
Mutual aid. A factor of evolution. El autor lamentaba que Darwin hubiera resaltado demasiado la lucha por la vida y no así la cooperación entre los seres vivos, como por ejemplo las abejas. De hecho un cuerpo humano posee del orden de 10 veces más bacterias que células propias descendientes por estirpe de la célula huevo resultado de la fecundación. El niño, que nace esterilizado, está programado para ser infectado por determinadas especies de bacterias ya que si lo fuera por otras sería perjudicial para él. Las bacterias del tubo digestivo del hombre y de animales como los rumiantes muestran una cooperación, una ayuda mutua, que en su mínima expresión resultan ocupar puestos en el organismo que impiden la ocupación por parte de otros microorganismos que pueden resultar patógenos, hasta llegar a realizar funciones esenciales para la vida del organismo infectado. Kropotkin escribe "A la larga la práctica de la solidaridad demuestra ser más ventajosa para la especie que el desarrollo de individuos dotados de instinto de pillaje". Según este autor la voz de alerta que nos da la naturaleza significa ¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua!.

Lyssenko (desde una perspectiva ideológica marxista) bajo Stalin denunció la biología burguesa, pregonaba la supremacía de la especie sobre el individuo y atacaba a la burguesía occidental. Hay que reconocer que la perspectiva marxista aplicada a la genética de especies vegetales y animales de explotación económica fue un fracaso. Los congresos de genética de la época se llenaban de trabajos soviéticos que intentaban demostrar que los frutos tendían a ser más gruesos si crecían en campos con árboles que dieran frutos más gruesos, ya que el individuo según esta perspectiva tiende a ser como la sociedad que habita. Fue Nikita Kruschev, al comprobar que los progresos en este campo en Occidente eran mayores, el que propició un cambio en la genética comunista, destituyendo a Lyssenko de los cargos que poseía en el aparato científico soviético. Sin embargo quizás no debería confundirse la inducción de una selección artificial con la producción espontánea en la naturaleza de la selección natural.

En contraposición con la ideología marxista Imanishi carga más contra el occidente cristiano aunque las conclusiones biológicas son muy similares. Según Imanishi la teoría de la selección natural darwiniana en el fondo significa que la "élite" se afirma mediante la fuerza. Dios está al lado de los ganadores; y si esta manera de explicar la evolución de la naturaleza les gusta a los occidentales, quizá es porque concuerda con los esquemas cristianos. En palabras de Thuillier:
"Imanishi, al continuar rechazando la filosofía «belicosa» de la evolución neodarwinista, eligió oponerle un evolucionismo antioccidental". Imanishi es un autor en el que es fácil deducir sus esquemas culturales e ideológicos, que él mismo confiesa (si esto sucediera más a menudo quizás sería más fácil comprender las teorías que los diversos autores nos proponen).

Mae-Wan Ho, Peter Saunders y Sindey Fox en el artículo "
Un nuevo paradigma para la evolución" cuestionan la filosofía subyacente a la teoría sintética. Dicen que ver la evolución como una sucesión de accidentes controlados por la selección es insuficiente, prefieren subrayar la importancia de las propiedades estructurales y dinámicas de los organismos. Algunas formas aparecen más fácilmente que otras. Para ellos el desarrollo es un proceso coordinado. Algo más que una suma de partes.

Amigos o enemigos van todos juntos

Sin embargo la pregunta está planteada; ¿Son las especies formas competidoras o cooperadoras, o ambas a la vez? Respecto a la primera pregunta, es evidente que en la naturaleza podemos encontrar ejemplos en ambos sentidos, desde especies que compiten por el mismo tipo de recursos y que una de ellas desplaza de su hábitat a la otra, -como por ejemplo el cangrejo europeo de río y el cangrejo americano-, hasta especies que muestran un grado de complementariedad con otras de tal modo que la extinción de una de ellas implicaría la extinción de la otra.

Desde su aparición las plantas con flores -fanerógamas angiospermas- han estado ligadas en su mayoría a los insectos; éstos se han constituido en vehículos de sus granos de polen a cambio de ser alimentados mediante néctares o incluso con los mismos granos de polen por las plantas. Existen especies de árboles que producen nectarios para alimentar determinadas especies de hormigas; a cambio, cuando el árbol corre el riesgo de ser invadido por otras especies de insectos, las hormigas que lo habitan salen en su defensa. Los tordos se alimentan de olivas, la pulpa de la oliva, constituida por millones de células vivas, es digerida por el ave y las semillas son posteriormente rechazadas por el animal, que al tirarlas lejos del árbol tienen la posibilidad de germinar y dar origen a un nuevo olivo, puesto que caso de caer la oliva a los mismos pies del olivo no tendría viabilidad, ya que éste lo impide.

Así aparece una pregunta crucial: ¿es la muerte del organismo el factor más importante en la evolución? La muerte se asume en múltiples casos a pesar de que sea el fin. Así por ejemplo, sucede en las células sexuales, cientos de millones de espermatozoides que se han desarrollado mediante complejísimos sistemas de crianza en los órganos sexuales se lanzan a morir en una cópula, solamente con la esperanza de que uno consiga llegar al óvulo. Una posibilidad de vivir frente a 200 millones de posibilidades de morir, y sin embargo adelante.

Incluso un organismo como el humano cambia sus células múltiples veces a lo largo de la vida, conservando, según se dice, solamente una parte de las neuronas. El resto mueren. Sin embargo nosotros tenemos conciencia de ser los mismos individuos. La muerte de nuestras células es un proceso ignorado.

Podemos darnos cuenta de que la muerte no es una variable determinante en el comportamiento de las especies, sino una más, junto con otras como la reproducción, la supervivencia de los genes, etc. Así, el ejemplo ya comentado del comportamiento de defensa de las abejas, o el de las células sexuales.

Independientemente de juicios morales que podamos introducir en el análisis de las relaciones entre diferentes especies, referentes a si unas relaciones son belicosas o cooperantes, las partes de la naturaleza obtienen una resultante que hasta ahora no ha eliminado la vida de la superficie de la Tierra.

En 1977 Lin Chao y sus colaboradores de la Universidad de Massachusetts, intentaron contestar en el laboratorio si la interacción entre el depredador y su presa podía llevar a la extinción. Para ello diseñaron un experimento sobre la interacción entre un tipo de bacteria y su parásito. Cogieron una cepa de colibacilo y la infectaron con el bacteriófago virulento de cepa T70 introduciéndolo todo en un cultivo bacteriano adecuado. El resultado fue que se producían mutaciones que causaban la aparición de nuevas cepas o razas de bacterias, que a su vez eran parasitadas por nuevos tipos de virus también mutantes, hasta que se llegó en el sistema a un punto de equilibrio, el resultado es que la vida no sólo no desaparecía sino que surgían nuevos tipos biológicos; es decir, aumentaba la diversidad biológica. Por analogía podríamos entender como si la vida amenazada fuera similar a un barco y que cuanto más peligro tuviera más barcas de salvamento fuera capaz de fabricar, cada barca de salvamento sería un tipo biológico, una posibilidad más de sobrevivir para los genes de la vida.

Existen miles de especies que deben su vida a la conexión inmediata con otra especie con la que mantienen una mutua dependencia y un proyecto común: el de sobrevivir ambos. A la evolución que mantienen estas especies íntimamente ligadas Yves Carton la llama coevolución rechazando este término para relaciones más complejas y de mayor envergadura dentro del ecosistema, entre especies más desligadas. En realidad a mi entender este autor procura hacer una de las técnicas más accesibles al científico, reducir el campo de la ciencia a fenómenos más fáciles de analizar y en los que es más posible llegar a conclusiones; pero quizás sí y quizás no, la coevolución sea un proceso global entre todas las especies del ecosistema que en todo caso resulta muy difícil de medir. Quizás el proceso que pueda llevar a la demostración de que la coevolución es un fenómeno global dentro del ecosistema sea paralelo al sufrido por las teorías de la gravitación. Para Newton la gravedad dependía de dos masas; posteriormente Einstein introduce todas las masas del sistema solar y después de él se introducen todas las masas del Universo para calcular la gravedad.

La teoría sintética sugiere que la evolución, y por tanto la aparición de nuevas especies es un proceso constante y continuo que es explicable, al igual que la coevolución, mediante la analogía denominada "la hipótesis de la reina roja", tomada del episodio de Alicia en el País de las Maravillas en el que Alicia es sujetada por la reina roja y para seguir en el mismo sitio tiene que correr, es decir, que las especies representadas por Alicia deben seguir adaptándose continuamente para seguir viviendo, lo que equivaldría a mantener la misma posición. En 1968 Motoo Kimura idea la teoría neutralista, que en esencia supone que las mutaciones responsables de la multiplicidad de formas moleculares no tienen valor adaptativo, es decir no son adaptaciones a ningún factor externo o interno. Por otro lado la teoría de equilibrios puntuales intermitentes debida a Gould, mantiene que grandes cambios se concentran en pequeños espacios de tiempo y se perciben como saltos discontinuos, probablemente debidos a modificaciones de las condiciones abióticas del medio -factores no vivos - como un cambio climático que llegaría a producir un cambio evolutivo observable. Es opinión general que las tres teorías parecen ser eficaces en diferentes casos concretos, sin embargo quizá sea oportuno decir que si una de ellas fuera totalmente cierta, por ejemplo el neutralismo, haría imposible a otra, siguiendo el ejemplo al darwinismo, al menos en cuanto a explicar universalmente la evolución, aunque quizás si puedan ser válidas integrándose en una teoría más general, ¿es ésta la Vida Embarazada?

Sí quisiera mencionar que la teoría neutralista puede explicar la aparición del saltacionismo sin necesitar la existencia de factores externos. La acumulación de mutaciones genéticas neutras, que no son respuestas adaptativas, podría manifestar llegado el momento un gran cambio en la especie, un salto brusco en su biología que no sería necesario justificar acudiendo a grandes causas externas. Al menos, el neutralismo, y según mi opinión, nos permite fundamentar que las causas externas no son imprescindibles para explicar el cambio en los organismos.

Los paleontólogos han descubierto la existencia de sucesivas extinciones masivas con una frecuencia de unos 26 - 30 m.d.a.. Al analizar el registro fósil han observado que en dichos periodos, y desde hace 250 m.d.a., se producen tasas significativas de desaparición de familias, del orden de un 2% o superiores. Las dataciones de las extinciones de estos últimos 250 m.d.a se situarían aproximadamente y en millones de años hace 250, 217, 194, 175, 144, 113, 91, 65, 38 y 12. No obstante hay grandes extinciones anteriores a estas fechas, como la sucedida a finales del Ordovícico en el que el número de familias de organismos marinos se redujo un 12%, otra a finales del Devónico, con un 14% de reducción. La más expectacular fue sin duda la que dio fin al Permico con un 52% de reducción en las familias marinas y con la que se inicia la serie rítmica de compás de 26 m.d.a.

Al no ser capaces de encontrar una razón intrínseca a la Tierra para estos periodos de 30 millones de años, los investigadores recurren a diversas causas, una de ellas, por ejemplo, sería astronómica. El Sol da una vuelta alrededor del centro de la galaxia cada 250 millones de años, pero dando esta vuelta nuestra estrella atraviesa el plano galactico de un lado al otro como si cosiera con una aguja dicho plano. De este modo atraviesa el plano una vez cada 30 millones de años y se sugiere que las perturbaciones producidas por el paso de esta zona serían las causantes de las extinciones masivas. Así bien fuera la alteración de la atmósfera terrestre debido a los materiales de las nebulosas encontradas en el mismo plano galáctico, bien la perturbación del equilibrio de la biosfera debido al aumento del flujo de rayos X o de radiaciones cósmicas, bien las alteraciones gravitatorias de los cometas del sistema solar que concluirían golpeando a la Tierra y alterando los ecosistemas; se produciría como resultado final la desaparición masiva de las especies.

El caso que parece apoyar mas fuertemente la acción de los meteoritos es la extinción del Cretáceo hace unos 65 millones de años. Se extinguieron los dinosaurios y con ellos el 75% de las especies vivas en un total de unos 50.000 años. De este modo las causas astronómicas actuan en la cadena causal produciendo otras causas situadas en la base de la pirámide ecológica, es decir en factores del biotopo, como oscurecimiento de la atmósfera debido al choque con un meteorito. El oscurecimiento disminuiría la captura de energía solar por las plantas, éstas al producir una menor cantidad de biomasa, y sufrir una extinción de parte del conjunto de especies, no podrían transmitir la suficiente energía a muchas especies que terminarían extinguiéndose. Los científicos imaginan así que cada 26 - 30 millones de años la Tierra es bombardeada por una oleada de meteoritos procedente de una nube de asteroides situada en los confines del sistema Solar (nube de Oort). Incluso otra posible razón para producir el desvío de los cometas hacia la Tierra podría ser el paso cercano, cada 26 - 30 m.d.a., a la nube de una estrella compañera del Sol, todavía por descubrir entre 5000 posibles candidatas, y que ya recibe el nombre de Némesis. No obstante parece ser que esta hipótesis de la estrella compañera se encuentra actualmente en horas bajas.

Los choques con meteoritos se asocian con excesos de iridio que se presentan en estratos sumamente finos, como los situados en distintas partes del mundo limitando el cretáceo y la era terciaria. Este elemento muy escaso en la Tierra es mucho más abundante en los periodos en los que se produce un teórico impacto. Por otro lado en estas zonas es posible encontrar microtectitas unas estructuras microscópicas y vítreas que se producen en los grandes impactos.

Sin embargo los periodos de extinción no son siempre cortos y concentrados en el tiempo, sino que en muchos casos se tiene constancia de que son graduales. Por otro lado hay otros fenómenos que siguen periodicidades entre 18 y 36 millones de años, como episodios tectónicos, niveles marinos mínimos y discontinuidades en la expansión de los fondos oceánicos. Quizás como Poupeau sugiere los impactos con meteoritos no son más que otro factor más a sumar en la producción de las extinciones.

Para el entomólogo Edward O. Wilson, el registro histórico de la biología muestra cinco grandes crisis biológicas -grandes extinciones-, que junto con la actual sumarían un total de 6. Sin embargo no deja de ser curioso, que la única gran extinción de la que estamos siendo testigos, producida en nuestros días como resultado de la actividad vital de nuestra especie, no responde a ningun factor de tipo astronómico, ni siquiera a una actividad volcánica especial, sino que la causa es interior al conjunto de organismos vivos pobladores de la Tierra. Una de sus especies es la responsable: la nuestra. La única prueba directa que poseemos sobre las extinciones nos puede estar aconsejando dejar de mirar fuera para analizar el interior de las comunidades vivas.

El ritmo de la composición

La historia de la vida terrestre muestra un ritmo temporal en las grandes extinciones de las especies. La extinción de los dinosaurios -lagartos terribles- no es más que la penúltima de una larga serie de extinciones. No obstante existen aproximadamente sesenta diferentes teorías que intentan explicar la desaparición de los dinosaurios, bien sea la colisión con un meteorito gigantesco -hipótesis más admitida actualmente-, bien sea un aumento de la actividad volcánica, o quizá la influencia de la temperatura sobre la determinación del sexo de este grupo, etc. Sin embargo no se trata ya de una extinción de un grupo, sino que va más allá, hasta la extinción del 75% de las especies y no en un siglo, sino en 500 siglos. ¿También los trilobites, cuya desaparición marca el final de la era primaria, los extinguió un meteorito?

Por otro lado es conocido que mientras los dinosaurios existieron en la Tierra, muchas familias se extinguieron de manera irregular a lo largo del tiempo. Es decir que en determinadas épocas se extinguieron a la vez varias familias de dinosaurios, mientras que en otras ninguna familia desapareció.

La existencia de extinciones masivas es una hipótesis científica no descartable, pero a la vez dar sentido a estas extinciones supone globalizar a la naturaleza, dándole una causa común, como es el caso del posible meteorito de finales del cretáceo o de cada 26-30 millones de años, o bien quizás plantear la hipótesis de que estamos ante un superorganismo que como todos posee un ritmo biológico que afecta a su funcionamiento y que puede estar condicionado por factores externos. Nuestro lenguaje y nuestros medios técnicos una vez más no nos permiten fallar con la razón hacia una de las posibilidades.

Es una experiencia vital que los factores astronómicos influyen sobre los seres vivos. La existencia de ciclos es bien conocida en los organismos, uno indiscutible es la diferencia en el ritmo biológico de los seres vivos basado en la alternancia noche-día, que esencialmente es un fenómeno astronómico, también la influencia de las estaciones sobre los seres vivos, las cosechas, el crecimiento, etc, ¡lo que nos podrían decir los agricultores y los cazadores sobre este tema!. Otro ejemplo sería la menstruación femenina o "período" de naturaleza cíclica y además influenciado por la Luna puesto que se rige por meses lunares de 28 días. En este ciclo se suceden en intervalos de tiempo la producción de determinadas hormonas que gobiernan la ovulación, el aumento de grosor y vascularización de la matriz y los procesos de la regla. La regla es un proceso destructivo de todas las estructuras que se fueron generando en previsión de que el óvulo baje a la matriz ya fecundado. Si hubiera sido así la regla no se produciría y el desarrollo embrionario que llevaría al nacimiento del nuevo ser continuaría hasta el mismo parto en el que todas las estructuras accesorias al embrión como la misma placenta serían eliminadas.

La evolución va íntimamente ligada a la extinción. La selección natural escoge y elimina a las especies. Admitir que un sistema superior sufre ciclos rítmicos, aunque algo irregulares, de extinciones masivas, implica asumir que periódicamente se agita el sistema en busca de nuevas soluciones evolutivas. Es admitido generalmente, por ejemplo, que la extinción del Cretáceo favoreció la explosión y radiación de los mamíferos sobre la superficie del planeta. Alguno de estos ciclos evolutivos podría llegar a producir una especie que resultara eficaz para prolongar la vida. Quizás algo parecido al hombre, quizás el hombre mismo.

Si el hombre fuera este tipo de especie probablemente fuera el primer caso que surgiera en la Tierra, puesto que de haber existido otra anteriormente hubiera terminado con todos los yacimientos de combustible que nosotros estamos utilizando. Evidentemente cualquier especie tecnológica realizaría grandes gastos energéticos.

Si exceptuamos al hombre como causa de extinciones masivas, ya que en la actualidad se están extinguiendo tantas especies y a la misma velocidad que en el Cretáceo, los científicos tienden a suponer una importancia mayor en las grandes extinciones a fenómenos situados en las partes bajas de la pirámide ecológica que a los que están en las partes altas. Es como suponer que el poder de las piezas de la pirámide está más en las partes bajas, en el biotopo y en los productores primarios o vegetales. De hecho es fácilmente deducible que no existirían animales, si no existieran vegetales.

El ecosistema se muestra fuertemente articulado, tanto en el momento de las extinciones como si hacemos caso a Lin Chao en el momento de generar nuevas soluciones. En Paleontología se sabe que son las grandes crisis biológicas las que han traído las grandes soluciones, los nuevos grupos revolucionarios de seres vivos. La coevolución expresada en sentido global es algo más que una idea débil. Responde a una visión holística de la naturaleza y su evolución. El holismo o globalidad es un principio autocreador, inherente a la naturaleza, que tiende hacia mayores niveles de organización, complejidad e integración. La relación existente entre las partes es más importante que las partes mismas. La suma de las partes es igual a las partes y algo más. La teoría general de sistemas formulada por L. Bertalanffy asume este concepto. Efectivamente, las células del hombre por separado no son más que tipos de células con sus características propias, fruto de su unión es la aparición de la inteligencia, que se suma a las características propias de los individuos celulares que lo constituyen, pero que ninguno tiene por separado ya que es una propiedad global del organismo hombre. Del mismo modo la integración de la naturaleza en un sistema superior puede, según este principio, generar propiedades que nosotros no podemos captar en sus partes.

Para James Lovelock, autor de la hipótesis Gaia, el planeta Tierra es un gigantesco ser vivo, dotado de voluntad que se confecciona su propia geología, clima e incluso sus seres vivos. Se basa en que las propiedades físico-químico-biológicas de la Tierra actual son difíciles de explicar a partir del azar. Lovelock da al hombre la función de manipular el entorno para obtener información. Según él las redes de información humanas son parte de un sistema nervioso con el que se está dotando la propia tierra. La Tierra, Gaia, sería un sistema, un organismo, en el que el hombre realizaría un papel específico.



Una realidad contradictoria

Apelar a entidades de naturaleza superior es un sistema de razonamiento muy utilizado a lo largo de la historia del hombre. Si la probabilidad de que esto sea así tal como lo vemos es prácticamente nula tiene que ser debido a la voluntad de alguien. El principio antrópico utiliza este modelo lógico para concluir que es voluntad de un ser superior, como Dios, que el hombre esté aquí, si por ejemplo la constante G de la formula de Newton fuera ligeramente diferente, nuestro Universo sería imposible.

Fred Hoyle y otros desarrollan unos cálculos probabilísticos con los que demuestran que por mero azar, no ya la vida, sino una sola enzima del tipo de las actuales es imposible que hubiera surgido en un tiempo de tan sólo varios miles de millones de años. Los cálculos son de este estilo: la probabilidad de que se hubiera formado una cadena proteica de 100 aminoácidos -formada a partir de 20 aminoácidos diferentes- como algunas de las existentes en la actualidad es de 1/20
100. Aunque toda la Tierra hubiera estado cubierta desde sus albores, de una capa de 1 m. de espesor de aminoácidos, combinándose al azar cada milésima de segundo, sería improbabilísimo que alguna vez hubiera surgido la enzima actual en cuestión.

Asumir el azar como motor de cambios, implica la obligación de ser coherentes con una serie de características matemáticas propias de los fenómenos distribuidos al azar. Es contradictorio postular el azar como principio y luego volver la espalda cuando se demuestra que matemáticamente la probabilidad de generar una estructura molecular relativamente sencilla es prácticamente 0.

El azar, que existe, es un recurso fácilmente socorrible, pero a cambio se paga un precio. Es fácil ponerlo en cuestión a partir de cálculos probabilísticos, sobre todo cuanto más sencillo es el sistema a analizar. Hoyle de hecho no analiza la aparición de órganos biológicos complicados, sino de moléculas orgánicas "simples" a partir de una veintena de aminoácidos disponibles. Es un caso elemental que obliga, para mantener la hipótesis de que el azar es el único motor del cambio biológico, a huir hacia delante, complicando el escenario en el que éste se manifiesta, cuando no a ignorar las pruebas inconvenientes, tal como argumenta Lakatos.

Ruiz de Gopegui se sitúa en la línea de considerar todo cambio evolutivo como una casualidad, de este modo la distancia entre dos formas emparentadas filogenéticamente marca casualidades mayores cuanto más lejano es el parentesco y mayor número de cambios han tenido que producirse. Es cierto que actualmente muchos autores creen que la vida es un fenómeno muy escaso en el Universo, sin embargo recalco el "creen", puesto que creer no es saber ni demostrar. Sin embargo Ruiz de Gopegui se refiere a la evolución como una unidad que engloba la evolución atomicoquímica y la biológica, es decir un proceso general, una máquina que funciona de una manera extraña, cuyo mecanismo para él y otros es el azar.

Considerar la existencia del hombre como un imposible sucedido puede llegar a explicar el importante papel del azar, o por el contrario, que para que estemos aquí ha tenido que intervenir alguien.

Hoyle apela a una Inteligencia Universal responsable de la evolución universal tal como ha sucedido y sucederá. Esta apelación sugiere una concepción global, más allá de las partes y por encima del azar.

Aguilera intenta explicar esta naturaleza tal como se nos presenta, asumiendo que a lo largo del tiempo Universal se manifiestan unas tendencias definidas hacia estructuras más ordenadas. Aboga este autor por un papel importante de los
procesos de autoorganización que causarían que la materia tendiese a adquirir determinadas propiedades como producto normal de sus características. Por ejemplo nosotros podríamos pensar en que al crearse formas al azar en el Universo, la probabilidad de encontrar estrellas esféricas sería igual a la de hallar estrellas cúbicas. Sin embargo no existen este tipo de estrellas porque las propiedades de la materia al organizarse lo impiden. No todas las posibilidades son posibles ¿Pero por qué son posibles las que son? Siguiendo las leyes de la Termodinámica, el Universo debía de estar más ordenado en el momento del big bang que ahora. En todo caso, si ahora es posible tener estructuras más ordenadas del tipo galaxias o seres vivos, es debido a la luz de estos principios naturales, a que el orden en determinadas partes es compensado por un desorden mayor en otras. La vida que es un proceso ordenado, existe gracias al proceso desordenado de generación de energía y luz que sucede en el Sol. De todos modos todo sería más sencillo si la adquisición de mayores niveles de entropía o lo que es lo mismo de desorden se hubiera producido de un modo homogéneo en todo el espacio universal. La aparición del orden se produce incluso en sistemas alejados del equilibrio mediante la presencia de estructuras ordenadas, favoreciendo reacciones que de otra manera no se realizarían, y además lo hacen a la luz de un orden, tan necesario para todo aquello relacionado con la vida.

Aguilera plantea prácticamente un viejo problema teológico cuando dice: "
Es claro que los códigos que tenemos son un mero apaño, resultado del juego de las presiones selectivas y de la triste disponibilidad de moléculas en los tiempos primigenios. Los seres vivos no somos obras perfectas de ingeniería. Como bien dice Jacob, la evolución es una gran chapucera (y con frecuencia ha dispuesto de materiales deplorables)". El autor concluye que el código genético no es el mejor posible. La derivación de éstas afirmaciones nos retrotrae a un viejo dilema ¿cómo Dios que es perfecto crea una naturaleza imperfecta? Esta perspectiva se opone a considerar la manipulación de la naturaleza por un ser todopoderoso e inteligente. Pero quizás estemos observando una de las características de un ser vivo esencialmente similar al resto aunque quizás más complejo.

Sthephen Jay Gould en su análisis de los fósiles contenidos en los esquistos de Burgess (Columbia británica), pertenecientes al cámbrico, plantea que poco después de la explosión cámbrica los grandes filums que existen hoy en día ya existían, además de otros extinguidos. La evolución truncaría por azar unos filums mientras que otros no. Esto iría en contra de explicar la adaptación como garante de la evolución y de la diversidad; según este autor una componente de azar mantendría un papel muy activo en la extinción que afectaría a unos filums del mismo modo que podría haber afectado a otros. Gould avisa sobre el "peligro" que supone la tendencia del hombre a encontrar un sentido de la evolución, sin embargo a pesar de la opinión de Gould es innegable la existencia de determinadas tendencias evolutivas, tal como opina Armand de Ricqlés.

La comunidad biológica de Burgess corresponde a un período entre 15 y 20 millones de años posterior al auténtico big bang cámbrico, sin embargo otro yacimiento fosilífero -el de Maotian cerca de la ciudad de Chengjiang en el sudoeste de China- es sólo 5 millones de años posterior. El estudio de estos fósiles revela que en aquel momento de la historia de la vida aparecieron todos los patrones elementales de los organismos que han existido posteriormente. Por ejemplo los vertebrados no son más que el desarrollo de organismos deuteróstomos que ya aparecen en aquella época. No ha habido ningún tipo de organismo posterior que represente una ruptura con el esquema biológico preestablecido. Todos pertenecen a las estirpes que nacieron en aquella época.

Datos recientes obtenidos por Bowring y colaboradores, aprietan más el cinturon de este proceso dificil de justificar bajo análisis mecanicistas. La explosión cámbrica sucedió en un periodo de 5 a 10 millones de años, dos a tres veces más corto de lo que se creía. Lemarchand al comentar estos datos escribe: "
Los paleontólogos tendrán que reconsiderar sus hipótesis sobre las causas del acontecimiento"

No puedo evitar pensar en cierto paralelismo con los ovocitos. En la mujer el ovario contiene al final del desarrollo fetal y en el momento del nacimiento todos los ovocitos de los que decimos que se encuentran en estado de ovocito de primer orden. Todos estos ovocitos proceden de las células llamadas ovogonias que tras sufrir la primera división de la meiosis han reducido sus cromosomas a la mitad -tras este proceso ya son ovocitos-. No obstante no todos estos ovocitos llegarán a ovocitos de segundo orden. De unos 6 a 7 millones iniciales, solamente unos 300 a 400 alcanzan el estado de ovocito de segundo orden, y algunos después de la ovulación, tras sufrir la fecundación y la segunda división meiótica se convertirán en óvulos. En este camino madurativo muchos ovocitos mueren y desaparecen aunque no sabemos por qué, y jamás aparecerán nuevos ovocitos de primer orden una vez producida la generación simultánea de éstos en el periodo inicial. En las hembras de mamífero incluyendo la humana existe una sola creación de ovocitos que además es temprana y posteriores transformaciones que incluyen en muchos casos procesos destructivos que implican la muerte, características similares a las que parecen darse en el conjunto de los seres vivos. Pero además en palabras de Fulka, Motlik y Lefèvre. "
Los oocitos que han sobrevivido constituyen una reserva de células sexuales «en reposo», que esperan, en algunos casos, varios años, una señal para iniciar un nuevo crecimiento". Si comparamos al ovocito con la estirpe podemos encontrar lógico que unas se extingan y otras comiencen a "activarse" evolutivamente millones de años posteriormente a haber aparecido.

De todos modos el enigma de las extinciones sigue estando ahí, unos grupos se extinguen mientras otros no. ¿Se extinguen porque son derrotados en su batalla por la existencia por otros grupos victoriosos que se adaptan más eficazmente?, ¿se extinguen porque la vejez vence sus energías y su deseo de vivir?, ¿se extinguen por azar o porque Dios quiere? Aunque se pueda producir o no por azar, la extinción parece tener unos efectos sobre los filums no extinguidos. La extinción de los dinosaurios parece haber favorecido la explosión de los mamíferos, que en sus formas mas rudimentarias coexistieron con aquellos. No puede ser negado taxativamente que la extinción de unos grupos puede favorecer la evolución de otros, de hecho muchos autores son de esta opinión, y de este modo la extinción puede ser un mecanismo potenciador de otras manifestaciones orgánicas que pueden expresar una dirección, un final o nada.

El origen de la vida en la Tierra o bien tuvo un origen terrestre o extraterrestre, pero ¿qué sabemos del fin de la vida en la Tierra? En términos estrictos el fin de la vida en el planeta Tierra está ligado en términos optimistas clásicos a la desaparición del planeta. El fin de la Tierra está unido a la muerte de nuestra estrella. Se dice que el Sol es una estrella cuya vida se estima en unos 10.000 millones de años, de éstos ha consumido ya 5.000 millones de años y por tanto se deduce que está a mitad de su vida. Sin embargo hay que tener en cuenta que éstos son unos cálculos estimativos, muy tranquilizadores, pero que no tienen por qué ser reales; el Sol puede durar más, pero también menos. No sería la primera vez que los modelos que describen el funcionamiento de diversos aspectos del Universo se equivocan.

Cuando el Sol haya consumido todo su hidrógeno mediante reacciones nucleares de fusión, procederá a consumir su helio; entonces el Sol se dilatará convirtiéndose en una gigante roja hasta absorber en su interior a Mercurio, Venus y tal vez la Tierra; si ésta es absorbida se derretirá, pero si no lo es, la temperatura en nuestro planeta subirá tanto que los mares se evaporarán y la vida será imposible. Mas adelante el Sol explotará para transformarse en una enana blanca. ¿Será el fin de la estirpe viva de la Tierra?

Con los experimentos genéticos en drosofilas y en bacterias ha podido comprobarse que los cambios genéticos son previos a los cambios ambientales. De este modo sería como si nos encontráramos en una carrera atlética en la que los atletas comenzaran a correr antes de que disparara el juez. Este tipo de comportamiento, si para algo es eficaz es para huir. Si el Sol incrementa su temperatura hasta impedir la vida en la Tierra, mas vale que nos pille lejos, y para eso el proceso de escape cuanto más pronto empiece mejor.

El que la evolución tenga o no un sentido es un problema del hombre, porque independientemente del pensamiento humano la evolución lo tiene o no. La cuestión es intentar hacer coincidir nuestro pensamiento y los hechos reales por un mismo camino y además darnos cuenta de ello, y esto es prácticamente imposible.

¿Azar?, ¿Dios?, ¿Ser o Sistema Superior?, nuestra racionalidad tropieza contra un muro hoy por hoy inexpugnable. Sin embargo sigo opinando que el azar no explica nada y que Dios, desde una perspectiva racional, tampoco. Personalmente considero dignísimos los intentos del hombre por comprenderse a sí mismo y a lo que le rodea desde cualquier planteamiento religioso o científico que no sea pérfido. No obstante a mi modo de ver la ciencia y la religión parten de principios distintos, utilizan lenguajes diferentes y me parece que sería muy difícil darse cuenta, caso de que lo hicieran, de que están hablando de lo mismo.

No obstante la luz sobre el tema de la evolución no encuentra respuesta segura ni a base de las cautas sugerencias y aseveraciones de unos, ni a partir de las arriesgadas y rompedoras ideas de otros. Sin embargo es necesario entre todos sugerir nociones que más tarde sirvan como hipótesis de trabajo. Plantear la historia de la ciencia como un conjunto de pequeños y comedidos pasos hacia delante es faltar a la esencia de la realidad. Al igual que en la evolución, existen los pequeños pasos pero también los grandes. Los historiadores de la ciencia pueden aportar numerosos casos de intuiciones, de súbitas ideas, que desde luego sostenidas por el saber del genio han servido para cambiar nuestra visión de las cosas. Se podría hablar, según dicen, de la intuición de Newton sobre la gravedad y la manzana que le cayó en la cabeza, la de Einstein sobre la relatividad, la de Bohr sobre sus aficiones al fútbol y su concepción azarosa de los fenómenos. Se dice que el químico ruso Mendeléiev desarrolló la tabla periódica de los elementos químicos porque previamente la soñó. El químico Linus Pauling es el primero en hablar del método estocástico, expresión con la que hace referencia en su propia concepción a una forma de conocimiento
a priori basado en la conjetura, en la intuición. La humanidad suele considerar como genios a aquellos que se dan cuenta por primera vez de algo evidente, pero convendría recordar que es algo evidente.

A veces es interesante reflexionar sobre el propio lenguaje que utilizamos. Cuando hablamos de selección, ésta es realizada por alguien. Además solemos decir que la naturaleza es la que selecciona. Para explicar la selección tenemos que decidirnos por explicar la naturaleza o las partes de ésta que intervienen en el proceso. Desde luego no sabemos lo que es la naturaleza, ésta además es una de las razones importantes por las que no conocemos la realidad de sus elementos y no podemos averiguar sus funciones. ¿Tiene entidad biológica propia la naturaleza, o es una mera suma de partes sin más? ¿Es un sistema la naturaleza y por tanto tiene propiedades que sus partes no tienen o no lo es?