Valiosas hipótesis arriesgadas
(Comentario sobre el artículo de Miguel García Casas
"Hipótesis sobre la naturaleza del azar")

Xavier García Raffi
Doctor en Filosofía


Si a un científico positivista decimonónico le hubieran preguntado para que servía la religión, hubiera musitado que, en confianza, sólo para acompañar a su señora a la misa de doce los domingos. Einstein, reflexionando sobre su educación religiosa en la infancia, contestaría una cosa bien diferente. Diría que para potenciar la capacidad de ver interacciones entre los fenómenos, de ser capaz de percibir grandes unidades. A la hora de experimentar, la religión sirve para poco, pero es un buen elemento para tener conciencia de la unidad del todo, algo que un verdadero científico debe tener presente aunque no sea capaz sino de traducirla parcialmente a términos experimentales.

Esa sensación de la unidad del todo que Einstein extrajo de su educación religiosa, aparece en otros científicos como resultado de toda una vida de investigación. Observando los lazos existentes entre los fenómenos del campo al que han dedicado su vida, comienzan a sospechar que algunas de las características que los conforman son características significativas para el conjunto del universo. Es la tentación holista. Saben que están apostando fuerte, pero no lo pueden remediar. La sospecha es demasiado intensa. Entonces se dicen: Creo que es el momento de hablar de TODO. Voy a explicarles qué es la realidad. Saben que esa decisión les empuja al resbaladizo terreno de la metafísica, porque no es posible experimentar el todo. Sin embargo, estas personas no han hecho más que seguir el camino que habían recorrido toda su vida. La misma obsesión por el encadenamiento de los sucesos- por la búsqueda de instancias superiores que los justifiquen- como observó el filósofo Inmanuel Kant, les ha llevado a alcanzar la frontera de lo que es empíricamente significativo. Siguiendo la inercia de su propia labor científica, han acabado por plantear un principio o principios justificativos de la realidad que no pueden ser experimentados.

Quizá uno de los casos más paradigmáticos fuera el de Alfred North Whitehead. Matemático ilustre, creador junto con Bertrand Russell de los fundamentos de la Lógica Matemática, experto en relatividad. Intentó hacer un diseño grandioso en el que el Universo fuera un proceso en desarrollo que generase las leyes científicas, más que se sometiese a las que habían sido descubiertas. En ese proceso, el tiempo era un resultado, no una condición. Los sistemas temporales no eran sino expresión de un orden interno de la naturaleza que se expresaba en diferentes modos de organización temporal. La geometría del espacio, las conexiones físicas entre los elementos del universo, las leyes que las regulan, expresan ese orden profundo de la naturaleza que en su evolución acabará por sustituirlos por otros diferentes.

El ejemplo de Whitehead nos es relevante en más de un sentido. Primero, porque cuando la explicación holista parte de la práctica científica no puede ser rechazada sin más. Puede que la explicación holista sea un error científico, pero en sí misma es valiosa porque ofrece una hipótesis arriesgada que obliga a reflexionar sobre el conjunto de lo que la ciencia sabe, a discutir sobre las metas a las que nos acabará llevando nuestro conocimiento de la realidad. Las genuinas explicaciones holistas son profundamente valiosas. Y las calificamos de genuinas para distinguirlas del holismo superficial, un holismo frecuente en filosofía en el que eligiendo un principio científico se le extrae del campo en el que es significativo para transformarlo en un metaprincipio que vale igual para un barrido que para un fregado. Así, la filosofía postmoderna usó y abusó de la física cuántica como referencia con la que justificar casi cualquier cosa.

La
hipótesis sobre la naturaleza del azar sigue el camino de las explicaciones holistas valiosas. Su autor ha decidido dar el paso de proyectar sus extensos conocimientos en Biología - del que es uno de sus ejemplos más sobresalientes su trabajo La vida embarazada- para sugerir una nueva perspectiva del azar que pasa de ser la excepción en un orden causal a la garantía de un orden paralelo y acronológico. Señalar algunos puntos de divergencia, cosa que haremos, no le quita interés ni le arrebatan la capacidad de suscitar la discusión y la reflexión. La hipótesis va más allá de la naturaleza del azar al intentar dar respuesta también a la naturaleza del tiempo y del orden temporal. Es este un problema capital que, como hemos visto en el caso de Whitehead, está por resolver y permite, a partir de lo que nos dice la ciencia, deducciones diferentes. Stephen Hawkings en El universo en una cáscara de nuez, presenta las diferentes opciones de lo que sea el tiempo según los datos contrastados que la ciencia ha elaborado.

A partir de las experiencias de la aparición del azar en la Biología -como mutaciones sometidas a la selección natural- y del concepto de sistema, surge la tesis esencial de la acronología:
un escenario atemporal en el que el pasado y el futuro se presentaran simultáneamente. Esta acronología es la que estaría detrás del azar, convirtiéndose en un orden paralelo que prescindiría del tiempo y del orden causal determinista imperante en la física.

El orden causal sería para el autor, fundamentalmente, una consecuencia de nuestra naturaleza biológica, aunque no tendría que ser así en el caso de los seres inanimados:
todo ente no vivo no puede establecer una respuesta cronológica porque no percibe el tiempo, el Sol no realiza una acción como efecto de una causa sino como un resultado acronológico de una no separación de sus partes y de otros objetos que le influencian. La suposición de que el orden causal depende de nuestra estructura psicológica y que, en definitiva, es resultado de la percepción de la realidad por los seres vivos tiene una sólida tradición que comienza por David Hume. El orden causal no sería más que el resultante de que algo ha pasado antes y otra cosa sucedió después.

Pese al atractivo que supone el ver la relación causa-efecto como una estructura lógica fundamentada en la biología -responsable de percibir el paso del tiempo-, la física actual -y en especial la Relatividad- invierte la ecuación: hay tiempo porque hay sucesos físicos que establecen-los perciba un ser vivo o no- un orden causal. Aunque la naturaleza del tiempo esté por dilucidar en física, determinadas leyes inducen a pensar en el tiempo como expresión de una causalidad que no es fruto de nuestra percepción. La entropía sería imposible de conjugar con la acronología. Sabemos de la influencia del tiempo porque la materia cambia, porque algo se degrada en el Universo. Las células de un leño acabarán en ceniza si se prende fuego y este suceso es un suceso temporal, pues de las cenizas no se puede volver atrás, son irremediables; ni habría forma de que convivieran simultáneamente leño y cenizas. Einstein fue terminante en ese punto al rechazar la posibilidad de cualquier viaje temporal por la posible fractura del orden causal: nadie, decía, puede regresar al pasado y matar a su propio padre.

Ha habido una interpretación de la teoría General de la Relatividad que ha defendido su acronología. Si la gravedad es resultado de la geometría del espacio producida por la deformación que en él producen las masas, esas deformaciones afectarían simultáneamente a puntos distantes en el Universo. Los movimientos gravitacionales sobrepasarían el esquema causa-efecto al ser resultado de la geometría del espacio. El Universo aparecería como un conjunto de movimientos
aparentes producidos por una base estática. Aunque esta interpretación es factible, la mayoría de la comunidad científica la considera equivocada. La teoría General de la Relatividad es una teoría de gravitación que, fruto de la geometrización de la física, da como modelo un espacio no-euclídeo deformado por la densidad de energía-materia, deformación que se refleja en el tensor métrico que mide la curvatura del espacio-tiempo, pero en ningún caso es una teoría estática. Si la densidad de energía cambia en algún punto del universo, efectivamente afecta al resto pero no de forma simultánea ni acronológica. Existen ondas gravitatorias como frutos de esos cambios, ondas sobre las que existen proyectos de experimentos serios de detección (con construcción de grandes interferómetros láser como LIGO).

El experimento clave que se cita para fundamentar la suposición acronológica es el experimento de Alain Aspect en el que dos fotones parecen informados cada uno del comportamiento del otro aunque simultáneamente se separen en direcciones opuestas. En realidad, el experimento de Aspect trata de arrojar luz sobre la paradoja EPR, paradoja que pone en tela de juicio la interpretación de Copenhague de la mecánica quántica, precisamente por la violación del orden causal. Todas las experiencias demuestran que las partículas permanecen correlacionadas incluso cuando no hay ninguna posibilidad física de comunicación entre ellas. La interpretación que se hace actualmente de estas experiencias sería la imposibilidad de separar estados cuánticos, pero no está claro que esa imposibilidad de separación de estados cuánticos signifique la existencia simultánea de todos ellos. Aún suponiendo que en un futuro se llegara a esa conclusión, lo más seguro es que no habría base suficiente para trasladar esos resultados al mundo macroscópico.

El determinismo es realmente un enemigo duro de pelar. De hecho, los números aleatorios que surgen de un ordenador obedecen a una fórmula matemática determinista, son números
pseudoaleatorios.

La hipótesis adquiere mayor peso cuando retorna al campo biológico del que surgió. La tesis general defendida es que el azar no es producto del desorden sino del orden: la estructura del Universo generaría azar, sería un sistema acronológico que por su propia estructura produciría azar. En consecuencia, el Universo no seguiría la relación causal propia de los seres biológicos que necesitan organizar sus percepciones en un orden temporal. La estructura del Universo estaría basada en la inseparabilidad de pasado y futuro que estarían para el Universo en un mismo nivel. Los ejemplos biológicos reflejan el área de donde la hipótesis extrajo su fuerza: en efecto, la sospecha de que el curso de la evolución biológica no puede deberse sólo a la combinación mutación-selección, que la eficiencia observada en la adaptación al medio ambiente por los seres vivos ha de responder a
algo más. Las repuestas azarosas (mutaciones) no serían más que presentaciones cronológicas de las respuestas generadas acronológicamente por el sistema-universo. El azar sería sólo un elemento perturbador desde la perspectiva cronológica porque, en realidad, desde la perspectiva acronológica del Universo el azar sería la respuesta.

Esta tesis, de la que se ha deducido una respuesta holista sobre la naturaleza del Universo y del tiempo, se concreta en cuatro puntos
    1.- El azar natural y el artificial son distintos.
     2.- El azar es una respuesta natural que forma parte de una propiedad autocreadora de los sistemas.
     3.- El azar es producido por una estructura y por ello muestra también una estructura y contribuye a crear estructuras. (Consideremos la estructura como un conjunto de partes ordenadas).
     4.- El azar es inaccesible porque se debe a la no separabilidad de las partes de un sistema en un escenario acronológico. Por tal razón nuestra lógica causal y cronológica no lo puede abordar.


    Es la primera de las afirmaciones (El azar natural y el artificial son distintos) válida para un rápido regreso del holismo a la experimentación científica. Debería ser posible diseñar un experimento (aunque fuera mental) para tratar de demostrar que, realmente, existe un azar natural distinto al artificial. Si consiguiéramos diseñarlo y el resultado fuera positivo (o plausible, en el caso de un experimento mental), la probabilidad de que la explicación de la naturaleza del Universo sea la defendida por el autor aumentaría vertiginosamente. Este punto nos parece crucial y ofrecería un principio sólido para justificar la totalidad de la hipótesis que, insistimos, obtenga o no ese respaldo experimental tiene en sí misma valor por la capacidad de ofrecer una visión coherente y global de todo lo que existe, una idea sugerente para tratar de seguirla o de enfrentarse a ella. Una valiosa hipótesis arriesgada necesaria para incrementar la productividad científica, aportando algo poco frecuente y muy valioso: ingenio. Una cualidad presente en la producción intelectual del autor.

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Nota:
        
Cualquier consulta sobre teoría de la relatividad y filosofía en mi página web: http://www.ctv.es/USERS/tabarca/ o buscando en Google Filosofía y relatividad. La bibliografía que citamos contiene los libros básicos sobre la teoría de la relatividad y su impacto científico y filosófico. Hemos seleccionado los escritos de Einstein que pueden considerarse libros-fuente para abordar el complejo entramado de la teoría de la relatividad. Los comentaristas de la obra de Einstein han sido seleccionados bajo el criterio de su indiscutible autoridad física o filosófica. Hemos prescindido de los divulgadores, ni siquiera uno tan cualificado como Russell. En el caso de Whitehead se ha aplicado el mismo criterio. Las dos obras centrales:The Principle of Relativity, with Applications to Physical Science.( 1922) y Process and Reality. An Essay in Cosmology ( 1929) exigen tener un buen conocimiento de la teoría de Einstein para su comprensión. Sólo así los complejos conceptos de Whitehead y su perspectiva adquieren la categoría de hipótesis arriesgadas
.

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